
martes, 16 de diciembre de 2008
La Iliada de Baricco
Alessandro Baricco reescribió la Ilíada de Homero, la obra está dividida en 17 capítulos, en los que intervienen como narradores 21 personajes de la Iliada. Las 21 voces cuentan el acaecimiento de la guerra, mediante su visión. Se da la voz a personajes de los dos bandos, de los aqueos, pero también de los teucros. En la narración no intervienen los dioses en gran medida, pero si son nombrados, existen en el imaginario de los personajes, como existen en la historia.La pregunta es ¿Se puede leer la Iliada de Baricco sin tener un conocimiento previo de la obra? Para crear una Iliada sin dioses, el autor debió figurarse una historia totalmente diferente, porque si bien la mano de los dioses no aparece como en la obra de Homero, estos dioses intervienen porque nosotros sabemos que lo hacen y que están presentes todo el tiempo. Son producto de culto, su culto no desaparece en la obra de Baricco y además son padres de algunos de los guerreros como Aquiles o Sarpedón. La obra constituiría una historia ambigua sin la presencia de los dioses olímpicos.
Cada uno de los personajes narra la historia que les acontece junto a esta guerra que marca a cada uno de ellos. Se da la voz a personajes principales como Aquiles, Héctor o Ulises, pero en otros momentos de la obra, se da la voz a otros personajes que cumplen un papel fundamental en los acontecimientos y que son importantes para los personajes principales, en la medida de cómo se dan sus relaciones, entre ellos: Criseida, por la cual se desata la furia de Apolo. No está explícito en la obra, pero los conocedores de la obra lo saben. Fénix, como un padre para Aquiles; Néstor, hombre sabio. Los personajes son llamados al podio como si fueran testigos de un caso.
Tanto la Iliada como La Odisea fueron referentes de educación (paidea) en la Grecia clásica, estas obran trataban de acerca al hombre al mito y a la explicación de ciertos aspectos humanos que competen a la realidad. Estos mitos evidentemente siguen siendo referentes de las virtudes y desaciertos humanos. Mas, la obra de Baricco pierde esa esencia que el clásico tuvo en sus tiempos.
En el prefacio del libro, el autor menciona que las primeras intenciones que tuvo al reescribir este texto era el de hacer una lectura pública de la Iliada, pero comprendió que el texto era ilegible y por eso decidió hacerle unas modificaciones. En el 2004, se hicieron estas lecturas públicas en Turín y Roma, a las que acudieron alrededor de diez mil personas, acto que se transmitió por la vía radiofónica italiana. Baricco considera a la Iliada un texto ilegible, si fuera así no se la hubiera leído por generaciones y generaciones. Las ediciones textuales la han traído a la prosa, siendo de esta manera una obra fluida y con gran ritmo, el ritmo del texto lírico.
Tomó la decisión de cortar la aparición de los dioses, argumentando que es lo más ajeno a la sensibilidad moderna y a que rompen la velocidad de la narración, que sin la aparición de estos, sería excepcional. La sensibilidad moderna ha crecido con la figuración de estos dioses en los clásicos, no sólo en los clásicos griegos, sino también en los latinos y además en la influencia que estos han tenido en la cultura occidental, en obras fabulosas como el Ulises de Joyce.
Si se elimina consecuentemente a esos dioses del texto, lo que queda no es tanto un mundo huérfano e inexplicable cuanto una historia humanísima en la que los hombres viven su propio destino (…) como decía Lukáks, la novela es la epopeya de un mundo abandonado por los dioses.[1]
[1] Alessandro Baricco, Homero, Iliada, Barcelona, Anagrama, 2005, pág 8 y 9.
El autor trata de dar prominencia al gesto humano, más que al gesto divino, este gesto divino es parte del dogma de los personajes en la obra, pretender quitarlo implica, quitarles las partes fundamentales de sus vidas, de los acontecimientos, y por supuesto, del mito. La libertad de creación tienes sus méritos, pero cualquier seguidor y amante de los clásicos podría decir que ésta es una profanación.
La Iliada tiene una fuerte osamenta laica que sale a la superficie en cuanto se pone a los dioses entre paréntesis. Detrás del gesto del dios, el texto homérico menciona casi siempre un gesto humano que reduplica el gesto divino y lo reconduce, por decirlo así, hasta el suelo.[1]
[1] Ibid, ,pág 8.
Las aportaciones de Baricco han sido marcadas con cursivas en el texto, son mínimas, por tal motivo, se habla de una reescritura de la Iliada, el narrador no ha entrado en la conciencia de los personajes y los ha hecho hablar, como lo hizo Christa Wolf con su Medea, simplemente se ha basado en una buena traducción italiana para volver a recrear esta historia.
La idea de la reescritura de esta obra es de crear una Iliada para los lectores del siglo XXI, cosa que fuera acertada si estos lectores hubieran dejado de leer los clásicos como la Iliada. El narrador llama a la reflexión acerca de esa guerra cruel y sangrienta que todos llevamos dentro y que se desplaza fuera de nosotros a través de sentimientos como el odio, la ira, el resentimiento, el ansia de poder, la ambición. En el caso del canto homérico, esta guerra es movida por muchas de esas razones, pero tiene como trasfondo, el motivo del honor. El narrador trata de llevar el escenario y el sentir de la guerra a las épocas modernas y contemporáneas, época de grandes guerras y matanzas inauditas.
En este sentido, la obra llama a la reflexión acerca de esos valores. Trata de buscar una justificación a esa guerra cruda en la que se pone prueba al hombre a cabalidad. “Por muy intensas que sean las riquezas que Troya esconde detrás de sus murallas, no valen lo que vale la vida.”
La guerra en la Iliada se convierte también en un arte, un arte que es acompañado de la estrategia guerrera de los héroes, pero también de la diosa Atenea y del dios de la guerra Ares, así como del flechador Apolo. Guerra que está acompañada de armaduras esplendidas talladas en los mejores materiales, armaduras que tienen labrado al mundo dentro de sí. La guerra es en la Iliada un rito también, un rito que va de la vida a la muerte en sólo un par de segundos. Se ve parajes de la guerra no sólo en la literatura sino también en otras expresiones artísticas como son la pintura, el cine, la escultura, etc.
Baricco dice que la Ilíada es un monumento a la guerra, acaso ha olvidado todos los valores del texto clásico y la influencia remarcada que han tenido en su cultura y en la de todos. Así como en la filosofía, la historia, la ciencia, el arte, etc.
Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas hasta la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del de otro.[1]
[1] Ibid, pág 186.
En la última parte de la obra. Baricco introduce al lector con una serie de reflexiones acerca de esa guerra, pero una guerra cercana a la que se vive en nuestros tiempos, las que se han vivido en la modernidad. Una guerra que se puede expresar en diferentes sentidos.
Para acercarnos a estas reflexiones fue acaso acertado tomar el texto de La Iliada, es un equívoco, a eso se debe la mayoría de las respuestas que ha tenido de los lectores y críticos, la mayoría han coincido en que la obra es una total falacia. Las reflexiones son muy acertadas, de gran simbología y sentido en el mundo contemporáneo, pero ¿Debió tomar a la Iliada, a propósito de eso?.
Ninguna guerra, ha diso tan recordada, tan referida, ni ha despertado tanto el interés y la imaginación de los hombres, como la que tuvo lugar en torno a la ciudadela de Troya. La memoria de estos hechos de armas no se conservó, sin embargo, en la frialdad de los anales ni en la relativa certidumbre de los documentos históricos, sino en un poema (…) la Iliada, creación poética gigantesca, leída por generaciones y generaciones sin que haya perdido en ningún momento su profunda actualidad.[1]
[1] Homero, Iliada, Madrid, Edaf, 2007, pag 9.En la Iliada de Baricco, no son las musas las que inspiran el canto ni son evocadas, no son el motivo de este canto lírico. En la obra de Baricco no sólo se pierden las figuras de los dioses sino todo un imaginario, todo un cosmos, el complejo universo homérico, que le da, sin duda, gran significado, resonancia y simbología a la obra. Sin embargo, la intención del autor se viene al suelo, cuando los dioses están presentes, son nombrados y son parte de ese imaginario y cuando incluso Tetis tiene voz en el primer capítulo. Al parecer, esta obra ha nacido tan sólo de la preocupación, reflexiones e interpretaciones de un lector de la Iliada.
La historia pierde parte de las argumentaciones de la obra original, al suprimir los acontecimientos en que los dioses intervienen de manera fundamental, por ejemplo, los flechazos que lanza Apolo a las naves aqueas. Si no se ha leído la obra original no se sabrá con exactitud a qué se debe la desgracia de los aqueos. No tiene sentido nombrar a los dioses sin darles voz, sería necesario crear una nueva historia en la que los dioses no estuvieran dentro del imaginario de estos personajes arquetípicos.
En la obra de Baricco, el relato no es lineal, los narradores cuentan partes de la historia que suceden posteriormente, asunto que el lector no podría saber con exactitud a qué se refiere si no ha leído la obra homérica y cosa, por demás, que rompe el hilo conductor que tiene la obra original, hilo conductor que tiene prominencia sólo a través de la aparición de los dioses tan humanos como los personajes.
¿Y todavía se pretende que la religión griega sea cosa frívola, que no ha de ser tomada en serio por los historiadores de la filosofía? Innumerables veces se ha reprochado a los dioses homéricos su total indiferencia por la salvación del hombre. Pero el poeta de la Iliada no partía del supuesto teológico de que el hombre debe ser “redimido”. (…) Por profana que pueda parecernos la cosmovisión homérica, en ella se transparenta una exquisita espiritualidad al par que la incomparable penetración en los misterios de la naturaleza y el agudísimo sentido de lo real del pueblo más lúcido de todos los tiempos. [1]
[1] Ludwig Schajowicz, Mito y existencia, consulta 15 de diciembre del 2008, http://books.google.com.ec/books?id=TYIK2UHPXegC&pg=PA83&lpg=PA83&dq=lo+dioses+hom%C3%A9ricos+seg%C3%BAn+San+August%C3%ADn&source=web&ots=wXQ1VAM3hn&sig=9KMAlMKv30Ef5IAK4aXBxFSisOI&hl=es&sa=X&oi=book_result&resnum=4&ct=result#PPP1,M1La intención más relevante, que el autor ha tenido, para recrear esta obra es la de darle ese toque humano, que los personajes tratan de vivificar en la obra del italiano. Mas, en esencia, Baricco se ha olvidado que esta caracterización humana, califica también a los dioses que son semejantes a los humanos, tanto en virtud como en equívoco. Por tanto, la magnitud humana se pierde parcialmente en la obra de Baricco, el objetivo no ha sido dado por hecho.
FUENTES:
• Baricco, Alessandro, Homero, Iliada, Barcelona, Anagrama, 2005.
• Homero, Iliada, Madrid, Edaf, 2007.
• Ludwig Schajowicz, Mito y existencia, consulta 15 de diciembre del 2008, http://books.google.com.ec/books?id=TYIK2UHPXegC&pg=PA83&lpg=PA83&dq=lo+dioses+hom%C3%A9ricos+seg%C3%BAn+San+August%C3%ADn&source=web&ots=wXQ1VAM3hn&sig=9KMAlMKv30Ef5IAK4aXBxFSisOI&hl=es&sa=X&oi=book_result&resnum=4&ct=result#PPP1,M1
lunes, 15 de diciembre de 2008
Ulises y su búsqueda eterna

Textos clásicos como La Ilíada y La Odisea acercan al ser humano, de manera profunda, a cuestionarse acerca de su presencia en la tierra y en el cosmos. Estos textos además de ser referentes literarios, artísticos y estéticos de gran importancia para la literatura universal, traen consigo algo fortuito e imperecedero, es decir, que nunca se acaba, que trasciende a través de los tiempos y de los hombres de las diferentes épocas: la belleza como un valor universal y absoluto. La belleza del conocimiento, del amor, de la amistad, de la lucha, de la búsqueda, del viaje, la belleza de las relaciones humanas y de la vida. Este valor se conjuga para mostrarnos la gran urdimbre de la existencia humana a través de los clásicos de la literatura, textos que han cumplido la mayoría de edad muchas veces, pero que nunca envejecen ni se agotan.
Los poemas homéricos construyen un cosmos formado por los dioses y por los hombres, comparable incluso al de la biblia. Los poemas construyen vida, ensalzan la vida y llaman al rescate de grandes valores que competen a todos los seres humanos. El lector puede encontrar en los poemas una embriaguez eterna, relacionado a sus cualidades estéticas y filosóficas.
De ahí parte, la lealtad que los lectores manifiestan por los clásicos. El hecho de acercarse al texto clásico implica acercarse, de alguna manera, al mundo, al cosmos y poder comprenderlo, advertirlo y percibirlo de manera, no tan distante, como podría darse; ya que nos separa de Odiseo y de Ítaca, tal vez millares de kilómetros de conocimiento y de búsqueda, además de los grandes límites geográficos de la ficción, que muy bien pueden romperse en la interacción profunda que el lector puede tener con los poemas homéricos.
Estos textos clásicos pueden ser interpretados de maneras diversas, sus connotaciones son infinitas, por eso las diferentes cosmogonías lo pueden asir de maneras heterogéneas. Sin embargo, estos poemas poseen en su devenir todas las filosofías posibles de la vida que hacen referencia a la vida individual, espiritual, metafísica, colectiva y social del ser humano como un ente sistemático, que se debe a sí mismo y a los demás (a sí mismo, a la comunidad y a los dioses). Ahí radica también su fortaleza, a la cual también se puede acreditar su universalidad.
El carácter de clásico (a cualquier texto) se lo da el mismo lector, el cual le profiere una lealtad perenne. El impacto que estas lecturas pueden dejar en el lector son las de un encuentro con el conocimiento de un cosmos fantástico que habla de sí mismos y, en general, de la humanidad. Cualquiera se puede reencarnar en el Ulises,de la búsqueda constante, de la Odisea. La cualidad mimética de estas obras les permite ser referentes de grandes estudios históricos, mitológicos y filosóficos. No obstante, estos textos pueden generar discursos no sólo en teóricos y críticos sino también en los lectores que descubren en estas obras, valores que tenías presentes, pero que reconocen en estas obras, como universales.
La Odisea nos muestra que todos pueden ser narradores de su propio destino y ser sostén, buenos auguradores y empuje del destino de otros. Así como Ulises y Menelao nos cuenta sus aventuras, como Tiresias nos enuncia el hado o como los aedos cantan las hazañas de los héroes. La memoria en la obra es una fuente privilegiada de sabiduría porque los hallazgos de los hombres hablan de su humanidad y, por tanto, nos dan grandes lecciones de vida. Lo recordado nos atribuye la experiencia de lo vivido y de lo testimoniado (el pasado y las improntas del futuro). La memoria nos permite reconocernos a nosotros mismos y a los demás, como Penélope con el secreto de la fabricación del lecho nupcial. Riesgo fatal es el olvido, a la experiencia y vivencia humana, por tal motivo ¡Cuídate de no comer del dulce fruto del loto! Por qué La Odisea es inolvidable, porque no hay un viaje último en la vida humana.
Las gestas cantadas mediante la palabra, la poesía, la cítara, la armonía, el ritmo y la intervención de las Musas es, sin duda, el referente más importante de humanidad y sensibilidad en la obra. Ulises no apreciaría de igual manera el canto de los feacios si éste no estuviera acompañado por la cítara, la palabra y la armonía de la música (entonadas por los hombres) apelan a sus sentidos y a su memoria, lo humaniza en la medida en que éste se identifica en su pasado, refuerza el presente y la idea del viaje de retorno, es decir, del futuro. Además los cantos representan la paideia, la cultura, un modo de enseñanza de una comunidad, que a través de estos acrecientan su conocimiento, dinamizan su razonamiento, y además se sensibilizan y se identifican ante la angustia y la vivencia de los hombres.
El viaje realizado por Ulises, el viaje por el océano nos muestra a la tierra, a la naturaleza como un paraje por descubrir: el paraje de lo necesario y de lo absoluto en la vida humana; nos habla del orden del cosmos. Las aguas (en representación de Poseidón) deciden el destino del héroe: lo dejan o no lo dejan sucumbir, le permiten o no el viaje, el retorno y la sobrevivencia. Se presenta un constante devenir entre el hombre y el universo y sus desavenencias y gratificaciones.
Todos los elementos naturales juegan un papel importante en la obra: el mar, los vientos (el Céfiro y el Bóreas), el rayo (Zeus), la nube (mandada por Atenea). Cada elemento hace posible la creación de la cosmogonía de la Odisea. La relación entre los hombres y los dioses es fundamental para el acaecer de los acontecimientos. Mediante la formulación de este cosmos y su comprensión, se llega a saber que Ulises llegará a Ítaca. Los dioses lo han predestinado, los poderes de la adivinación de Tiresias lo han dicho, etc. Pero no es un viaje y un retorno como cualquier otro, la confabulación de este cosmos formará parte substancial para que el retorno se lleve a cabo.
La concepción de la vida en la Odisea está claramente concebida bajo los regímenes de la naturaleza y su relación con los seres humanos, en la que intervienen la decisión de las deidades del Olimpo que rigen el cosmos. El motivo del viaje, de la llegada al destino, en este caso del retorno al destino es fundamental para dar cabida, en la obra, al ordenamiento del cosmos y a la comprensión del mismo. En este universo homérico, la muerte no es tomada como el fin último de la vida, sino como el pasaje a otro mundo, al reino del Hades y de Perséfone. En este punto, se evidencia el carácter dogmático que tiene la obra, en la que cada espacio establece un orden absoluto en la vida de los personajes.
El carácter filosófico de La Odisea se exterioriza de manera evidente en el capítulo XI, en el que Ulises visita en Hades, el reino de los muertos. El héroe se encuentra en la instancia del ser y el no ser, en los confines del océano, donde habitan las sombras inasibles de los muertos. Se presenta a un Ulises (en su búsqueda permanente), enfrentado al enigma de la muerte. Se plantea, en este punto, la ruptura del cosmos, que el héroe traspasa en su exploración por el retorno a su patria, a su destino y por la reivindicación de su memoria.
La presencia de Ulises entre los muertos reafirma su permanencia en la vida y su trascendencia, a pesar que no ha aceptado la inmortalidad ofrecida por Calipso. Ulises ama su condición de ser efímero en la vida, esto habla de su humanismo. Al encontrarse entre el ser y el no ser, el héroe sigue apreciando la vida con más persistencia, esto evidencia su angustia al oír los chillidos de los muertos y al querer partir rápido del lugar (evitar que el Hades lo absorba o lo posea definitivamente), su amor a la vida se ha difundido en la literatura posterior que ha recibido su influencia, además de su inquietud ante el futuro.
El mito homérico se afinca en un presente ahistórico, imagen de un universo que desconocía las nociones de pasado y futuro como instancias creadoras de un orden determinado. El amor por las hazañas de los mayores, recogido en los himnos y las súplicas a los dioses, daba su sanción a un presente cuya gloria era necesario enaltecer. Por eso la conciencia escrutadora de Ulises, aún enfrentada al misterio inderogable de la muerte, repugna cualquier noción moderna del devenir. Cuando platica con los muertos del Hades no vuelve los ojos hacia esferas lejanas, como un exiliado en la búsqueda de paraísos perdidos, pues no posee la convicción de que el decurso de los acontecimientos habrá de conducir a un estadio final determinable y formulable.[1]
A través de los tiempos, la influencia del Ulises ha sido vasta. Se puede reconocer a un Ulises, el héroe y surcador de formidables mares, en grandes figuras de la literatura universal como Don Quijote de la Mancha, el caballero andante por excelencia. La presencia de la figura del Ulises, a través de la historia, transformada por la imaginación, se puede presentar en las diferentes culturas mediante la figura de todo héroe o de todo buscador constante como en la figura de Oliveira en Rayuela de Julio Cortazar. Un Ulises en búsqueda eterna a través de múltiples figuras literarias y filosóficas.
[1] Armando Roa, El undécimo libro de La Odisea, consulta 19 de octubre del 2008, en línea 1999, http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/12/creacion3c.html
[1] Armando Roa, El undécimo libro de La Odisea, consulta 19 de octubre del 2008, en línea 1999, http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/12/creacion3c.html
De los clásicos a la educación

La mayoría de seres humanos en todas las culturas han crecido rodeados de imágenes que han sido tomados de los clásicos de la literatura. Quién no conoce a Hércules, a Zeus, a Cupido o a Don Quijote de la Mancha. Las historias y los personajes se han universalizado de tal manera que han sido llevadas al cine y hasta son las imágenes de spots publicitarios. Pero en este punto no radica la importancia de los clásicos, sino en cómo han contribuido a la creación de diferentes idearios, no sólo han transmitido historias y leyendas que forman parte de la ficción o que siempre tendrán un precedente de realidad en todos los imaginarios, sino que también han creado grandes sistemas de pensamiento en las tradiciones culturales y en cada individuo.
A partir del influjo de toda la vasta cultura griega en occidente, el sujeto se superpone como una individualidad plena de conocimiento que se ve empapado de todo un complejo sistema mitológico y filosófico. Ahí radica la importancia de la inclusión de los clásicos en la educación, ésta como formadora de cultura. En la educación se pone en juego la formación de normas, valores y destrezas que están relacionadas con el razonamiento y con el descubrimiento del propio ser como un ente ontológico dentro del universo.
Sin embargo, varios factores intervienen sobre el influjo de los clásicos en occidente. En el caso de la mayoría de pueblos latinoamericanos, que al acercarse al español y adoptarlo como idioma, va también empapándose de su cultura y así se da su primer contacto con la tradición griega, esto no quiere decir que el primer indicio de cultura que conocieron haya venido de los españoles o de los griegos. Se da el contacto entre grandes sistemas mitológicos y filosóficos. Desde ese momento Latinoamérica toma un nuevo destino y se constituye como una nueva civilización, un sistema cultural pleno y cabal que aportará y alimentará de manera sobresaliente la tradición literaria universal.
Los clásicos han incidido en la literatura universal, creando modelos, personajes, estilos, nuevas historias y sistemas filosóficos. El personaje del anti héroe en muchas novelas y cuentos fue tomado, sin duda, de Don Quijote de la Mancha; acaso no se asimila El Príncipe Idiota de Dostoievsky al Ingenioso Hidalgo. Se seguirán retomando los clásicos no sólo en el arte, sino en la misma cotidianidad, ya que se han mimetizado en la realidad individual y colectiva como estigmas culturales y sociales. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”[1].
Más allá del fin educativo, el tomar y retomar la lectura de los clásicos están relacionados con la búsqueda de diferentes placeres estéticos, dependiendo de las diferentes necesidades del lector. Los clásicos pueden suplir muchas de éstas, así como también en la búsqueda de varios fines espirituales y metafísicos que tiene el ser humano en su relación con toda obra de arte.
[1] Ítalo Calvino, “Por qué leer los clásicos”
A partir del influjo de toda la vasta cultura griega en occidente, el sujeto se superpone como una individualidad plena de conocimiento que se ve empapado de todo un complejo sistema mitológico y filosófico. Ahí radica la importancia de la inclusión de los clásicos en la educación, ésta como formadora de cultura. En la educación se pone en juego la formación de normas, valores y destrezas que están relacionadas con el razonamiento y con el descubrimiento del propio ser como un ente ontológico dentro del universo.
Sin embargo, varios factores intervienen sobre el influjo de los clásicos en occidente. En el caso de la mayoría de pueblos latinoamericanos, que al acercarse al español y adoptarlo como idioma, va también empapándose de su cultura y así se da su primer contacto con la tradición griega, esto no quiere decir que el primer indicio de cultura que conocieron haya venido de los españoles o de los griegos. Se da el contacto entre grandes sistemas mitológicos y filosóficos. Desde ese momento Latinoamérica toma un nuevo destino y se constituye como una nueva civilización, un sistema cultural pleno y cabal que aportará y alimentará de manera sobresaliente la tradición literaria universal.
Los clásicos han incidido en la literatura universal, creando modelos, personajes, estilos, nuevas historias y sistemas filosóficos. El personaje del anti héroe en muchas novelas y cuentos fue tomado, sin duda, de Don Quijote de la Mancha; acaso no se asimila El Príncipe Idiota de Dostoievsky al Ingenioso Hidalgo. Se seguirán retomando los clásicos no sólo en el arte, sino en la misma cotidianidad, ya que se han mimetizado en la realidad individual y colectiva como estigmas culturales y sociales. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”[1].
Más allá del fin educativo, el tomar y retomar la lectura de los clásicos están relacionados con la búsqueda de diferentes placeres estéticos, dependiendo de las diferentes necesidades del lector. Los clásicos pueden suplir muchas de éstas, así como también en la búsqueda de varios fines espirituales y metafísicos que tiene el ser humano en su relación con toda obra de arte.
[1] Ítalo Calvino, “Por qué leer los clásicos”
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