
Textos clásicos como La Ilíada y La Odisea acercan al ser humano, de manera profunda, a cuestionarse acerca de su presencia en la tierra y en el cosmos. Estos textos además de ser referentes literarios, artísticos y estéticos de gran importancia para la literatura universal, traen consigo algo fortuito e imperecedero, es decir, que nunca se acaba, que trasciende a través de los tiempos y de los hombres de las diferentes épocas: la belleza como un valor universal y absoluto. La belleza del conocimiento, del amor, de la amistad, de la lucha, de la búsqueda, del viaje, la belleza de las relaciones humanas y de la vida. Este valor se conjuga para mostrarnos la gran urdimbre de la existencia humana a través de los clásicos de la literatura, textos que han cumplido la mayoría de edad muchas veces, pero que nunca envejecen ni se agotan.
Los poemas homéricos construyen un cosmos formado por los dioses y por los hombres, comparable incluso al de la biblia. Los poemas construyen vida, ensalzan la vida y llaman al rescate de grandes valores que competen a todos los seres humanos. El lector puede encontrar en los poemas una embriaguez eterna, relacionado a sus cualidades estéticas y filosóficas.
De ahí parte, la lealtad que los lectores manifiestan por los clásicos. El hecho de acercarse al texto clásico implica acercarse, de alguna manera, al mundo, al cosmos y poder comprenderlo, advertirlo y percibirlo de manera, no tan distante, como podría darse; ya que nos separa de Odiseo y de Ítaca, tal vez millares de kilómetros de conocimiento y de búsqueda, además de los grandes límites geográficos de la ficción, que muy bien pueden romperse en la interacción profunda que el lector puede tener con los poemas homéricos.
Estos textos clásicos pueden ser interpretados de maneras diversas, sus connotaciones son infinitas, por eso las diferentes cosmogonías lo pueden asir de maneras heterogéneas. Sin embargo, estos poemas poseen en su devenir todas las filosofías posibles de la vida que hacen referencia a la vida individual, espiritual, metafísica, colectiva y social del ser humano como un ente sistemático, que se debe a sí mismo y a los demás (a sí mismo, a la comunidad y a los dioses). Ahí radica también su fortaleza, a la cual también se puede acreditar su universalidad.
El carácter de clásico (a cualquier texto) se lo da el mismo lector, el cual le profiere una lealtad perenne. El impacto que estas lecturas pueden dejar en el lector son las de un encuentro con el conocimiento de un cosmos fantástico que habla de sí mismos y, en general, de la humanidad. Cualquiera se puede reencarnar en el Ulises,de la búsqueda constante, de la Odisea. La cualidad mimética de estas obras les permite ser referentes de grandes estudios históricos, mitológicos y filosóficos. No obstante, estos textos pueden generar discursos no sólo en teóricos y críticos sino también en los lectores que descubren en estas obras, valores que tenías presentes, pero que reconocen en estas obras, como universales.
La Odisea nos muestra que todos pueden ser narradores de su propio destino y ser sostén, buenos auguradores y empuje del destino de otros. Así como Ulises y Menelao nos cuenta sus aventuras, como Tiresias nos enuncia el hado o como los aedos cantan las hazañas de los héroes. La memoria en la obra es una fuente privilegiada de sabiduría porque los hallazgos de los hombres hablan de su humanidad y, por tanto, nos dan grandes lecciones de vida. Lo recordado nos atribuye la experiencia de lo vivido y de lo testimoniado (el pasado y las improntas del futuro). La memoria nos permite reconocernos a nosotros mismos y a los demás, como Penélope con el secreto de la fabricación del lecho nupcial. Riesgo fatal es el olvido, a la experiencia y vivencia humana, por tal motivo ¡Cuídate de no comer del dulce fruto del loto! Por qué La Odisea es inolvidable, porque no hay un viaje último en la vida humana.
Las gestas cantadas mediante la palabra, la poesía, la cítara, la armonía, el ritmo y la intervención de las Musas es, sin duda, el referente más importante de humanidad y sensibilidad en la obra. Ulises no apreciaría de igual manera el canto de los feacios si éste no estuviera acompañado por la cítara, la palabra y la armonía de la música (entonadas por los hombres) apelan a sus sentidos y a su memoria, lo humaniza en la medida en que éste se identifica en su pasado, refuerza el presente y la idea del viaje de retorno, es decir, del futuro. Además los cantos representan la paideia, la cultura, un modo de enseñanza de una comunidad, que a través de estos acrecientan su conocimiento, dinamizan su razonamiento, y además se sensibilizan y se identifican ante la angustia y la vivencia de los hombres.
El viaje realizado por Ulises, el viaje por el océano nos muestra a la tierra, a la naturaleza como un paraje por descubrir: el paraje de lo necesario y de lo absoluto en la vida humana; nos habla del orden del cosmos. Las aguas (en representación de Poseidón) deciden el destino del héroe: lo dejan o no lo dejan sucumbir, le permiten o no el viaje, el retorno y la sobrevivencia. Se presenta un constante devenir entre el hombre y el universo y sus desavenencias y gratificaciones.
Todos los elementos naturales juegan un papel importante en la obra: el mar, los vientos (el Céfiro y el Bóreas), el rayo (Zeus), la nube (mandada por Atenea). Cada elemento hace posible la creación de la cosmogonía de la Odisea. La relación entre los hombres y los dioses es fundamental para el acaecer de los acontecimientos. Mediante la formulación de este cosmos y su comprensión, se llega a saber que Ulises llegará a Ítaca. Los dioses lo han predestinado, los poderes de la adivinación de Tiresias lo han dicho, etc. Pero no es un viaje y un retorno como cualquier otro, la confabulación de este cosmos formará parte substancial para que el retorno se lleve a cabo.
La concepción de la vida en la Odisea está claramente concebida bajo los regímenes de la naturaleza y su relación con los seres humanos, en la que intervienen la decisión de las deidades del Olimpo que rigen el cosmos. El motivo del viaje, de la llegada al destino, en este caso del retorno al destino es fundamental para dar cabida, en la obra, al ordenamiento del cosmos y a la comprensión del mismo. En este universo homérico, la muerte no es tomada como el fin último de la vida, sino como el pasaje a otro mundo, al reino del Hades y de Perséfone. En este punto, se evidencia el carácter dogmático que tiene la obra, en la que cada espacio establece un orden absoluto en la vida de los personajes.
El carácter filosófico de La Odisea se exterioriza de manera evidente en el capítulo XI, en el que Ulises visita en Hades, el reino de los muertos. El héroe se encuentra en la instancia del ser y el no ser, en los confines del océano, donde habitan las sombras inasibles de los muertos. Se presenta a un Ulises (en su búsqueda permanente), enfrentado al enigma de la muerte. Se plantea, en este punto, la ruptura del cosmos, que el héroe traspasa en su exploración por el retorno a su patria, a su destino y por la reivindicación de su memoria.
La presencia de Ulises entre los muertos reafirma su permanencia en la vida y su trascendencia, a pesar que no ha aceptado la inmortalidad ofrecida por Calipso. Ulises ama su condición de ser efímero en la vida, esto habla de su humanismo. Al encontrarse entre el ser y el no ser, el héroe sigue apreciando la vida con más persistencia, esto evidencia su angustia al oír los chillidos de los muertos y al querer partir rápido del lugar (evitar que el Hades lo absorba o lo posea definitivamente), su amor a la vida se ha difundido en la literatura posterior que ha recibido su influencia, además de su inquietud ante el futuro.
El mito homérico se afinca en un presente ahistórico, imagen de un universo que desconocía las nociones de pasado y futuro como instancias creadoras de un orden determinado. El amor por las hazañas de los mayores, recogido en los himnos y las súplicas a los dioses, daba su sanción a un presente cuya gloria era necesario enaltecer. Por eso la conciencia escrutadora de Ulises, aún enfrentada al misterio inderogable de la muerte, repugna cualquier noción moderna del devenir. Cuando platica con los muertos del Hades no vuelve los ojos hacia esferas lejanas, como un exiliado en la búsqueda de paraísos perdidos, pues no posee la convicción de que el decurso de los acontecimientos habrá de conducir a un estadio final determinable y formulable.[1]
A través de los tiempos, la influencia del Ulises ha sido vasta. Se puede reconocer a un Ulises, el héroe y surcador de formidables mares, en grandes figuras de la literatura universal como Don Quijote de la Mancha, el caballero andante por excelencia. La presencia de la figura del Ulises, a través de la historia, transformada por la imaginación, se puede presentar en las diferentes culturas mediante la figura de todo héroe o de todo buscador constante como en la figura de Oliveira en Rayuela de Julio Cortazar. Un Ulises en búsqueda eterna a través de múltiples figuras literarias y filosóficas.
[1] Armando Roa, El undécimo libro de La Odisea, consulta 19 de octubre del 2008, en línea 1999, http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/12/creacion3c.html
[1] Armando Roa, El undécimo libro de La Odisea, consulta 19 de octubre del 2008, en línea 1999, http://www2.cyberhumanitatis.uchile.cl/12/creacion3c.html
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