lunes, 15 de diciembre de 2008

De los clásicos a la educación


La mayoría de seres humanos en todas las culturas han crecido rodeados de imágenes que han sido tomados de los clásicos de la literatura. Quién no conoce a Hércules, a Zeus, a Cupido o a Don Quijote de la Mancha. Las historias y los personajes se han universalizado de tal manera que han sido llevadas al cine y hasta son las imágenes de spots publicitarios. Pero en este punto no radica la importancia de los clásicos, sino en cómo han contribuido a la creación de diferentes idearios, no sólo han transmitido historias y leyendas que forman parte de la ficción o que siempre tendrán un precedente de realidad en todos los imaginarios, sino que también han creado grandes sistemas de pensamiento en las tradiciones culturales y en cada individuo.
A partir del influjo de toda la vasta cultura griega en occidente, el sujeto se superpone como una individualidad plena de conocimiento que se ve empapado de todo un complejo sistema mitológico y filosófico. Ahí radica la importancia de la inclusión de los clásicos en la educación, ésta como formadora de cultura. En la educación se pone en juego la formación de normas, valores y destrezas que están relacionadas con el razonamiento y con el descubrimiento del propio ser como un ente ontológico dentro del universo.
Sin embargo, varios factores intervienen sobre el influjo de los clásicos en occidente. En el caso de la mayoría de pueblos latinoamericanos, que al acercarse al español y adoptarlo como idioma, va también empapándose de su cultura y así se da su primer contacto con la tradición griega, esto no quiere decir que el primer indicio de cultura que conocieron haya venido de los españoles o de los griegos. Se da el contacto entre grandes sistemas mitológicos y filosóficos. Desde ese momento Latinoamérica toma un nuevo destino y se constituye como una nueva civilización, un sistema cultural pleno y cabal que aportará y alimentará de manera sobresaliente la tradición literaria universal.
Los clásicos han incidido en la literatura universal, creando modelos, personajes, estilos, nuevas historias y sistemas filosóficos. El personaje del anti héroe en muchas novelas y cuentos fue tomado, sin duda, de Don Quijote de la Mancha; acaso no se asimila El Príncipe Idiota de Dostoievsky al Ingenioso Hidalgo. Se seguirán retomando los clásicos no sólo en el arte, sino en la misma cotidianidad, ya que se han mimetizado en la realidad individual y colectiva como estigmas culturales y sociales. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”[1].
Más allá del fin educativo, el tomar y retomar la lectura de los clásicos están relacionados con la búsqueda de diferentes placeres estéticos, dependiendo de las diferentes necesidades del lector. Los clásicos pueden suplir muchas de éstas, así como también en la búsqueda de varios fines espirituales y metafísicos que tiene el ser humano en su relación con toda obra de arte.
[1] Ítalo Calvino, “Por qué leer los clásicos”

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